Vivimos días difíciles, pero por encima de las situaciones duras, situaciones que no entendemos, Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores. Las situaciones criticas que vivimos como sociedad no son la voluntad de Dios, pero definitivamente, él las permite, por un lado porque él respeta la libertad que él mismo nos ha dado, la sociedad ha decidido actuar egoístamente, sin tomar en cuenta los valores de su Palabra, hemos hecho a un lado a la familia, estamos cosechando lo que hemos sembrado. Pero otra de las razones por las que permite estas cosas, es porque él puede sacar mejores cosas para nosotros el día de hoy, el puede utilizar esta situación difícil en extremo para que muchos volteemos a verlo a él. Hay esperanza en el Señor Jesús.
¿Le gustaría tener el favor de Dios en su vida? Es algo de enorme valor. ¿Qué podemos hacer? Ya hemos mencionado dos cosas:
• Tenemos que levantar nuestros ojos al cielo. ¿Por qué? Porque cuando usted y yo oramos el cielo entero se mueve para responder nuestras oraciones, y él es un hacedor de milagros.
• Tenemos que ser personas de un solo libro. Josué 1.8: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.
Hoy, vamos a considerar otro de los elementos para que la bendición y el favor de Dos sea sobre nosotros, y es que tenemos que volvernos a Dios. 2º Crónicas 7.14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.
¿Qué puede mover a Dios a sanar nuestra tierra? ¿Qué es lo más importante para que Dios haga descender la lluvia refrescante de bendiciones a nuestras vidas, a nuestras familias, a nuestra sociedad? ¿Qué puede impulsar a nuestro Señor a traer un tiempo de paz y de prosperidad nuestro país? La respuesta es clara: Los cristianos, aquellos que conocen en una relación personal a Dios por depositar su confianza en Jesús, tenemos una enorme responsabilidad. Nosotros, su pueblo tenemos que dar cuatro vueltas:
Primero, tenemos que darnos la vuelta para en todo buscar la gloria de Dios.
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado…”. Nosotros tenemos que tomar la decisión de cambiar nuestras actitudes y nuestras perspectivas de la vida cristiana, para en todo buscar la gloria de Dios.
Sutilmente se ha infiltrado la idea de que Dios existe para bendecirme a mí, Dios existe para bendecir a mi familia, Dios existe para bendecir a mi nación. Es total y absolutamente un error. Nosotros existimos para la gloria de Dios, yo, mi familia, la iglesia y todos existimos para servir y bendecir a Dios.
Imagínese por un momento que es la prioridad suya y mía lo que dice el Salmo 115.1: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria, Por tu misericordia, por tu verdad”. Algunos hermanos pensarán voy a hacer este negocios para tu gloria, voy a trabajar de tal manera que con mi actitud tu seas enaltecido, los muchachos deciden, voy a estudiar para que seas reconocido y para servir a tus propósitos.
Segundo, tenemos que dar la vuelta en nuestra vida de oración.
“… y oraren…”. Hay dos cosas sorpresivas en relación a la oración. Por un lado, Dios escucha nuestras oraciones. Es cierto al 100%, Dios es fiel, él cumple sus promesas, él está atento a nuestras suplicas, es más, él responde más allá de lo que nosotros pedimos. Cuando el dice: “Clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grande y ocultas que tu no conoces”, es totalmente cierto. Dios es misericordioso.
Por otro lado, otra de las cosas sorpresivas es que oramos poco. Tenemos la maravillosa y extraordinaria bendición de tener acceso al poder que controla todo el universo y aún así, raras veces lo usamos.
Dios mismo se asombra. Ezequiel 22.30 dice: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé”.
Si usted que me está viendo conoce a Dios de manera personal, sepa que necesita cambiar de manera radical su vida de oración. Tiene que aprender a orar con más fe, y mucho más de acuerdo a la voluntad de Dios.
Tercero, tenemos que dar la vuelta en nuestra relación con la Palabra.
“… y buscaren mi rostro…” Dios espera que le busquemos y promete una bendición especial cuando lo buscamos: Jeremías 29.13 dice: “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. El punto es que Dios bendice a los que le buscan ¿Cómo lo buscamos? A través de empaparnos de su Palabra y de dejarnos moldear por ella, a través de leerla con fe pero aplicándola a todas las áreas de nuestra vida, estudiándola, pero más conformando nuestro carácter a lo que viene ahí.
Cuarto, tenemos que dar vuelta en arrepentimiento.
“… y se convirtieren de sus malos…”
Dios aborrece el pecado. Dios se enfrenta al pecado. Nosotros tenemos que ser sinceros en relación a nuestro propio pecado. Tenemos que ser humildes. Si usted ya entregó su vida a Cristo y sigue teniendo problemas con el pecado, cualquier a que sea, ya sea su carácter, sus preocupaciones, vicios, falta de perdón, inmoralidad, deshonestidad, falta de entregarse para servir a Dios, o simplemente el materialismo, literalmente cualquier pecado, por el bien de usted y de toda nuestra sociedad, debe dar la vuelta a Dios en un sincero arrepentimiento.
Podemos orar, leer la Biblia, pero si no nos arrepentimos de nuestros pecados no va a pasar nada. No hay cantidad de oración o de lectura bíblica que sustituya nuestra obediencia. Si somos arrogante, vemos el problema y apuntamos a varios culpables. Si somos humildes, somos capaces de reconocer con sinceridad que nosotros mismos somos parte del problema.
Si damos estas cuatro vueltas la promesa Dios es clara: entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.
Comentarios Recientes